Zumzum•Ka es un diálogo abierto y enriquecedor que nace entre dos creadores y amigos, el coreógrafo y bailarín Cesc Gelabert, y el pintor y escenógrafo Frederic Amat. Al que luego se sumar el compositor francés Pascal Comelade autor de la música original. La presencia inspiradora de la poesía de Patrick Gifreu añade un elemento enriquecedor a esta unión artística.

Zumzum•Ka es un zumbido, un concupiscente ojo que se posa sobre la sutil línea que señala los límites de la realidad y la ficción. Es también el poder de la mirada. Esa mirada perversa sobre un objeto deseado que te cautiva. La danza. Esa misma mirada que te condena a ver únicamente unos cuerpos que se mueven. Zumzum•Ka es una invitación a confiar más en la imaginación que en la observación realista de las cosas.

Amat, codirector de espectáculo junto a Gelabert, ha ideado una fría y sugerente escenografía. Una pista de hielo cuyo horizonte se prolonga haca lo alto. Ese espacio sinfín est limitado por unas franjas oscuras y por diminutas señales, en forma de banderas. Acotan la libertad de los hombres y mujeres, que se deslizan por el vertiginoso trampolín de la vida. El trampolín presente físicamente nos mira. Riesgo. Suspensión. Caída.

Gelabert emerge como un hombre-pájaro, con su pico iluminado. Es el hombre Ka. Un ser libre. El maestro de ceremonias de este rito onírico. La arrogante luz que envuelve el escenario enfatiza las poéticas imágenes que nacen de la interrelación de los intérpretes, tres hombres y cuatro mujeres. La danza es fluida. El movimiento de los bailarines es deslizante. Patinadores de sueños.

La forma de la letra Ka, es para Amat y Gelabert una letra de siglo XX, que les recuerda artistas contemporáneos, Kafka, Kandinsky o Klee. Una letra plásticamente bella, que inspira gestos entrecruzados.

Zumzum•Ka tiene una lectura plural. Es una sugerencia visual con una respuesta emotiva. Grandes guantes de goma, una mujer perro, o un pico iluminado, únicamente son elementos para provocar los sentidos de espectador. Poesía o erotismo de los objetos cotidianos.

La candenciosa y cinematográfica música de Pascal Comelade evoca un mundo nostálgico. Sus notas recrean vivencias de pasado. Tienen sabor a circo y verbena. Ecos melódicos que radian sobre la escena bullicios y silencios.

Zumzum•Ka es un espectáculo diáfano, en el que, bajo la variedad de formas creadas por Gelabert, Amat y Comelade, late desde el principio una misma inquietud casi perturbadora, la insalvable distancia entre la realidad y el sueño. Ellos la descubren con su mirada.

CARMEN DEL VAL