Críticas IM (GOLDENEN) SCHNITT I


El catalán Cesc Gelabert reconstruye "La Secció (Daurada) I" de Gerhard Bohner.

De hecho no acontece casi nada. Un hombre con traje y abrigo oscuros, una figura esmerada, controlada, recorre el espacio en diagonal, continúa midiendo las líneas con secuencias de pasos y giros cambiantes. Sin embargo, la instalación de Vera Röhm lo sitúa en un terreno extrañamente ambiguo: ocho postes macizos y agrietados están alineados de forma precisa en la rampa y otro, de forma correspondiente, en el fondo derecho del escenario. Sus extremos superiores están complementados por plexiglás: el punto de unión entre la herida y la prótesis reluce doradamente en la luz unidireccional del foco: un lugar como un almacén que se haba dejado abierto o un sitio de rituales bordeados por palos a modo de tótem. En este lugar abandonado, el hombre solo realiza unas pesquisas sobrias asegurándose paso a paso del propio cuerpo y poniéndose selectivamente en proporción con los objetos que marcan la medidas.

"La Secció (Daurada) I -A través del espacio, a través del cuerpo" del coreógrafo berlinés Gerhard Bohner, desaparecido en 1992 no se trata sólo de una investigación de proporciones ideales. Lejos de cualquier himno de la armonía estética, este solo tardío de 1989 constituye una reconstrucción radical del cuerpo humano que parte por parte va averiguando las posibilidades elementales del movimiento: caminando a través de la cabeza, hombros, brazos, manos, piernas, cadera, rodilla y pies. Un minimalismo preciso gana el espacio para sí: partiendo de la anatomía, la coreografía conquista un campo abierto donde puedan acomodarse las distintas emociones. Precisamente con la reducción radical a las emociones primitivas nacen márgenes para asociaciones múltiples. De repente, para una fuga de gran duración procedente del "Piano bien temperado" de Bach que le hace de socio congenial, el hombre adopta una posición tiesa, cerrada, y se apoya en un bastón como si se estremeciera de frío: una figura como fuera inventada por Fernando Pessoa, un hombre solo, pero no solitario, sino recogido en si mismo, descansando en su propio cuerpo, partiendo de él.

En este estado sobrio de contemplación y compenetración, absteniéndose de cualquier gesto interpretador, Gerhard Bohner constituyó con su obra coreográfica el grande e importante antípodo al teatro de danza emocional de las mujeres. Siendo un maestro de la reducción, recorra, sobre todo en su obra tardía, las meridianas interiores de la energía física para componer de ellas unas formas didácticas de coreografía de una sencillez fascinante y de una fuerza sugestiva que conducen a las fuentes del movimiento.

Es posible que sólo ahora, y después de que los furiosos arranques del teatro de danza hayan encontrado su sitio en la historia de la danza, pueda desplegarse plenamente la importancia de esta obra extraordinaria. Así que la Akademier der Künste de Berlín presenta su reconstrucción en el momento justo. Mientras que el mercado se ve inundado de forma creciente por el género de batalla coreográfico, le devuelve a la modernidad de la danza una pieza angular de orientación. Con el catalán Cesc Gelabert, además, ha conseguido un intérprete ideal para esta empresa dificil. No busca la imitacin, sino que se dirige con perseverancia al punto de partida espiritual de la obra de Bohner, recreándole en su propio lenguaje. Seguro de si mismo y nada vanidoso, Gelabert sigue las huellas de Bohner y vuelve a desplegar aquel espacio mágico que sólo se abre al bailarín maduro y concentrado en la sustancia. Con una seriedad hermosa mide las estaciones de este aseguramiento de si mismo, sin ninguna clase de pesadez y con concentración meditativa. La vieja fascinación se recrea en el lenguaje del contemporáneo más joven y queda comprimida en una intensidad elevada.

De modo que esta reconstrucción puede contarse entre las pocas coincidencias felices en las que un nacido con posterioridad no se afana en el intento de reproducir las formas exteriores, sino que se dirige de forma atinada a la fuente espiritual de una obra. Cuando Gelabert al final, con los brazos oscilantes y acompañado por una fuga pausada, regresa al bosque de las sombras donde sólo el oro brilla en el algodón de vidrio, entonces se encuentra el final de la vida de Gerhard Bohner, pero el principio de su obra. Esta imagen resonará durante largo tiempo.

 

Norbert Servos
Traducción de la crítica publicada en Stlddeutsche Zeitung, Munich, 1996.


DER TAGESSPIEGEL. Berlín 30/10/99
Kultur

Bohner no presentaba los resultados de sus estudios coreográficos como simples ejercicios. Siempre los vistió de figura de gran efecto escénico: por lo general de negro, elegante y soberana. Descubres que una persona puede estar sola, pero no por ello tiene que sentirse necesariamente sola. Ves a un hombre que establece una relación con su propio cuerpo y con el espacio que le rodea. En "Im (Goldenen) Schnitt" I y II los artistas plásticos Vera Röhm y Robert Schad le dieron la ocasión de hacerlo de forma concentrada. Sus instalaciones espaciales requieren una gran presencia y gran sinceridad del bailarín. Sólo así el espacio se abre. Bohner dominaba este arte, al margen de toda vanidad, como nadie. Consiguió la gran proeza de hacer que un lugar hablara a través de una persona. Y cuanto más se retiraba a un segundo plano, más grande era el poder de la imaginación de los espectadores para penetrar en aquellos lugares animados como por arte de magia.

Ya en 1996 la Akademie der Künste había reconstruido la primera parte de "Im (Goldenen) Schnitt" y había encontrado al bailarín ideal en el español Cesc Gelabert. En su actual representación de la reconstrucción de la segunda parte, junto con la primera, no hay duda alguna de que resucitará nuevamente una parte importante de la historia de la danza.

Seguro de sí mismo, pero sin el más mínimo indicio de vanidad, Gelabert dispone de esta presencia, sin pretensiones, que tanto significaba para Bohner. El bailarín como medio, no como mensaje. Lo mismo puede decirse de Jutta Hell y Dieter Baumann, para quienes Bohner, también en 1989, creó el dúo "SOS". Es tan sólo a través de intérpretes de este talento que se puede mostrar de qué es capaz la danza: de hacer realidad la magia de un lugar y hacernos soñar.

Norbert Servos
Periodista y crítico de danza